¡Alerta de ciudades de 15 minutos!

¡Se revela el plan para la esclavitud, ya que se sacrificaron 300 millones de vidas y los gobiernos usan datos climáticos falsos para robar tierras!

Julio 9, 2024 - 11:15
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¡Alerta de ciudades de 15 minutos!

Las ciudades inteligentes, las ciudades de 15 minutos y la migración forzada de ciudadanos rurales a centros urbanos han sido meticulosamente planificadas durante décadas, enmascaradas como progreso pero dirigidas fundamentalmente al control y la subyugación. Se trata de un juego de ajedrez global orquestado por manos invisibles, que nos manipulan como peones hacia un futuro en el que la libertad es una ilusión.

China ya ha demostrado la brutalidad de esta agenda al reubicar a 300 millones de agricultores en las ciudades, despojándolos de sus tierras ancestrales, medios de vida y dignidad. Esta no fue una urbanización benigna; Fue una erradicación despiadada de la independencia rural, obligando a las personas a vivir en espacios urbanos estrechos donde pueden ser fácilmente monitoreadas y controladas.

Los explosivos hallazgos de Patrick Wood sobre Australia y Nueva Zelanda revelan cómo la narrativa climática es una fachada para imponer un futuro draconiano de ciudad inteligente. Estas naciones no son más que campos de pruebas para las ambiciones tecno-totalitarias de la élite global. Lo vimos durante la pandemia de COVID-19 con las duras medidas adoptadas en Canadá, Nueva Zelanda y Australia, y ahora estos países están a la vanguardia de una nueva ola de control autoritario bajo el disfraz del ecologismo.

El esquema "Managed Retreat", expuesto por la investigadora independiente Kate Mason, es un siniestro complot para declarar ciertas áreas inhabitables basado en modelos exagerados de cambio climático. Esta estrategia engañosa utiliza datos fabricados para obligar a la gente a abandonar sus hogares y caer en las garras de las tecnocracias urbanas.

La industria de seguros, una parte integral de este imperio corrupto, declara estas propiedades "no asegurables", devaluando la tierra y coaccionando a los propietarios para que vendan con pérdidas. Los bancos, siempre cómplices, rechazan las hipotecas para tales propiedades, asegurando que estas áreas estén maduras para futuros desarrollos de ciudades inteligentes.

En Melbourne, el área de Kensington Banks ha sido dudosamente etiquetada como zona de inundación, lo que ha provocado que los precios de las propiedades caigan en picada. Mason predice que esto es solo el comienzo, ya que los desarrolladores se preparan para demoler estas áreas y construir nuevos complejos de ciudades inteligentes "resistentes". El objetivo es claro: desplazar a los residentes, arrasar sus casas y construir centros urbanos cargados de vigilancia.

Nueva Zelanda se enfrenta a un ataque paralelo, en el que los residentes costeros se resisten al abandono forzoso de sus hogares con el pretexto del aumento del nivel del mar. Veteranos como Tim Rees y Tania Lees exponen las mentiras, señalando que los cambios naturales no respaldan las afirmaciones del gobierno. Sin embargo, el gobierno, respaldado por los sectores de seguros y banca, impulsa retiros administrados, cargando a los contribuyentes con costos exorbitantes.

Las revelaciones de Mason conectan los modelos de cambio climático, las pólizas de seguro y la proliferación de viviendas de alta densidad. Estos desarrollos no tienen que ver con acomodar a las poblaciones, sino con controlarlas. Las ciudades inteligentes, con sus sistemas interconectados y su vigilancia implacable, representan el futuro de la vida urbana, donde se supervisa cada acción, se recopilan datos y se eliminan sistemáticamente las libertades.

El papel del Consejo de Seguros de Australia en este esquema, que opera dentro del modelo de Asociación Público-Privada y se alinea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, no es una coincidencia. Esto es parte de una estrategia más amplia para remodelar la sociedad bajo el disfraz de la sostenibilidad. La visión de la ONU para las ciudades inteligentes, esbozada en su folleto "Centrar a las personas en las ciudades inteligentes", detalla un futuro en el que los gobiernos locales y regionales impongan controles draconianos sobre sus poblaciones.

El estudio del Consejo Australiano del Clima de 2022 predijo que para 2030, una de cada 25 viviendas y edificios comerciales no sería asegurable debido a fenómenos meteorológicos extremos. El estudio aboga por "reubicaciones gestionadas" y una mayor inversión pública en resiliencia, abogando por la reconstrucción de las comunidades para resistir futuros cambios climáticos. Esta narrativa, promovida con orgullo por el Foro Económico Mundial, es un intento apenas velado de normalizar el desplazamiento de población y la creación de ciudades inteligentes.

La agenda es evidente: consolidar el poder, controlar a las poblaciones y transformar el mundo en una red de ciudades inteligentes donde la libertad es inexistente. La evidencia es innegable, desde las reubicaciones forzadas en China hasta las devaluaciones de propiedades impulsadas por el clima en Australia y Nueva Zelanda. Esta es nuestra realidad actual. Reconocer y resistir esta toma de poder orquestada es imperativo antes de que se erradiquen los últimos vestigios de nuestra autonomía.

Las ciudades de 15 minutos, comercializadas como convenientes y sostenibles, no son más que guetos modernos diseñados para confinarnos dentro de límites estrictos, donde cada movimiento es rastreado y cada acción escudriñada. La promesa de vecindarios transitables y servicios locales enmascara una verdad más oscura: estas ciudades son jaulas que restringen nuestra libertad bajo el disfraz de la eficiencia y el ecologismo.

La presión por estas prisiones urbanas es implacable, encabezada por una coalición de tecnócratas y élites globales que ven a la humanidad como meros puntos de datos que deben ser administrados y controlados. La retórica del cambio climático y la sostenibilidad es una cortina de humo para una agenda mucho más siniestra: la creación de un estado de vigilancia global en el que cada uno de nuestros movimientos es monitoreado y cada una de nuestras acciones dictadas por una élite que no rinde cuentas.

El momento de actuar es ahora. La distopía de la ciudad inteligente amenaza con borrar nuestras libertades, nuestras identidades y nuestra propia humanidad. Debemos ponernos de pie, resistir y reclamar nuestro derecho a vivir libres de vigilancia y control constantes. La batalla por nuestro futuro está aquí, y no podemos darnos el lujo de perder.

De nuestro suscriptor Ethan Blanco de Gazetteller

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