Aristóteles, sobre los amigos de verdad

"Un amigo no es alguien que ocupa un lugar en tu vida, sino alguien que te sostiene cuando todo cambia, permaneciendo a tu lado por elección y virtud"

Julio 7, 2026 - 09:08
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Aristóteles, sobre los amigos de verdad

¿Cuántos amigos tienes? Para muchas personas, responder a esta pregunta pasa por echar un vistazo a su teléfono, comprobar el número de contacto, los seguidores o incluso las personas que ocupan esa extraña categoría mal llamada “mejores amigos” en las stories de Instagram. Aunque quizá la mejor respuesta a esta pregunta sea que, en realidad, no importa cuántos amigos tienes, sino si realmente tienes algún amigo de verdad.

Al menos, así sería como lo vería Aristóteles. El filósofo dedica dos libros de la que quizá es su obra moral más importante, Ética a Nicomaco. Y lo hace porque para él la amistad es uno de los bienes más importantes de la existencia humana. La pregunta que surge, sin embargo, es la siguiente: ¿qué es realmente un amigo? Y Aristóteles, una vez más adelantándose a los tiempos venideros, responde: "Un amigo no es alguien que ocupa un lugar en tu vida, sino alguien que te sostiene cuando todo cambia; alguien con quien se comparte lo bueno y lo difícil, permaneciendo a tu lado por elección y virtud".

Meros figurantes

En el siglo XXI hemos desarrollado una especie de alergia al compromiso, una afección que Zygmunt Bauman califica como “amor líquido”, que nos somete a la dictadura del FOMO (miedo a perdernos algo) y que nos condena a relaciones superficiales. Los amigos han pasado a ser poco más que figurantes en una vida hecha de fotos y vídeos que compartir en redes sociales.

Pero, aunque llamamos amigos a esas personas con las que compartimos algunas horas y algunas risas, “amistad” es una palabra que quizá se queda grande para ese tipo de relaciones. O quizá necesitamos un léxico más rico para dar forma a los miles de rostros que puede tener la amistad.

En ausencia de este léxico, acabamos metiendo en el mismo saco al amigo que acompaña en las peores circunstancias y al que comparte una bebida en la terraza un par de fines de semana al mes. Y la amistad, por desgracia, no es tan fácil de cuantificar.

La clasificación de Aristóteles

En su Ética a Nicómaco, Aristóteles hizo ese esfuerzo de clasificación que quizá necesitamos en el siglo XXI. Dividió la amistad en tres categorías bien diferenciadas, reservando para la última el significado más elevado de la palabra.

  • Amigos por utilidad. Aquellos que dependen de una utilidad común. En el mundo moderno podría ser, por ejemplo, un compañero de trabajo. La amistad beneficia a ambos porque facilita la convivencia y la cooperación, pero es posible que si el objeto de utilidad desaparece (el trabajo en común), la relación se desvanezca.
  • Amigos por placer. Aristóteles decía que esta era la forma natural de la amistad en la juventud. En esta categoría se encuentran todos aquellos amigos con los que compartimos tiempo por placer, con quienes disfrutamos de fiestas, hobbies en común o momentos de risas.
  • Amigos por virtud. Son la forma más elevada de amistad, según Aristóteles. Un amigo por virtud es aquel que es tu “otro yo”. Alguien a quien deseas el bien por sí mismo, sin esperar nada a cambio.

El “otro yo”

En su Ética a Nicómaco, Aristóteles habla del verdadero amigo como del ‘allos autos’, el “otro yo” u “otro sí mismo”.  Y esta quizá sea la forma más reveladora de comprender la amistad desde la perspectiva aristotélica.

El amigo es el “otro yo” porque la amistad perfecta es aquella que se da entre personas de buen carácter. Alguien que actúa como uno mismo lo haría, y no solo alguien que nos agrada o que nos resulta útil. Porque en estos casos la relación se centra en lo que el otro me aporta, y no en quién es el otro en sí mismo.

Además, Aristóteles pensaba que el buen amigo es objeto del mismo tipo de amor que uno tiene hacia sí mismo: querer el bien del otro por él mismo, no por beneficio propio. Es decir, que el círculo del propio bien se amplía hasta incluir el bien de esa persona. Su eudaimonía (su felicidad) pasa a formar parte de la tuya.

Los momentos duros

Con la definición de Aristóteles sobre la mesa, cuesta menos comprender a qué se refería el pensador con su célebre cita. Porque si un amigo de verdad es aquel que considera tu felicidad como la suya propia, es también quien te acompaña en los momentos complicados.

Y ojo, porque acompañar no es en ningún caso solucionar. Recordemos que la verdadera amistad no depende de la utilidad. El verdadero amigo no es el que tiene la posición social o económica necesaria para solucionar problemas ajenos. El verdadero amigo es el que acompaña incluso cuando no se puede hacer nada.

Acompañar en silencio

Puede parecer un acto menor en este mundo tan hiperactivo, tan verborreico. Pero solo quien ha pasado por un momento de verdadero dolor sabe el valor que tiene la mano silenciosa de un amigo sobre el hombro, su presencia callada, su escucha incondicional.

Porque lo cierto es que cualquiera puede dispensar consejos, opinar o incluso juzgar. Pero son pocas las personas que aman lo suficiente para imbuirse de paciencia y calma, y escuchar al amigo que lo necesita, sosteniéndolo en silencio cuando sufre.

Si encuentras a una persona así, cuídala. Lo que tienes es mucho más que un amigo. Tienes el tesoro más valioso del que pueda disponer la humanidad.

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Fuente: Cuerpomente

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