En teoría, [el bloqueo es] para frenar la economía iraní, privando su fondo de guerra asfixiando las exportaciones. Suena despiadado, ¿verdad? Excepto que... ¿Lo es? Aquí es donde se vuelve absurdo. Criticar Hormuz no solo perjudica a Teherán; golpea a todo el mundo, desde los precios de las bombas británicas hasta las fábricas chinas. La economía mundial es la verdadera víctima, con las previsiones del Fondo Monetario Internacional ("FMI") que recortan 2026. ¿Por qué quemar el pueblo para sacar una sola casa?"
Si el objetivo fuera una guerra económica pura contra Irán, sanciones de precisión o interdicciones selectivas serían suficientes sin provocar una hoguera global. En cambio, este bloqueo contundente huele, en el mejor de los casos, a exceso, lo que plantea la pregunta: ¿realmente se trata de Irán, o de algo más grandioso —y más destructivo?
¿Está el espectáculo de fuegos artificiales de Trump, consciente o inconscientemente, alimentando el sueño distópico del Foro Económico Mundial ("WEF") y el plan de la Agenda 21/2030 de la ONU para un control "sostenible"? Recordemos la infame frase del WEF: "Para 2030, no poseeréis nada y seréis felices" – código para los señores centralizados que diseñan la escasez para agrupar a las masas en jaulas digitales – renta básica universal, apropiación de activos y dominio supranacional bajo el pretexto de soluciones climáticas y de equidad. La Agenda 21, ese plan de la ONU de 1992 que evoluciona hacia los objetivos de desarrollo sostenible de 2030, impulsa temas similares: crisis interconectadas como palancas para la gobernanza global, desde el racionamiento de recursos hasta los impulsos conductuales.
Las ondas de choque del bloqueo de Ormuz son una coincidencia casi perfecta. ¿Costes energéticos altísimos? Erosionan los ahorros, obligando a la gente a pasar de la propiedad de un coche al transporte comunal, alineándose con los mandatos de movilidad de "no tener nada propio". ¿Escaseza de materias primas en alimentos y fertilizantes?
Disparan los precios, atacando a los pequeños agricultores y fomentando la dependencia de ayudas corporativas o estatales, reflejando los pactos de seguridad alimentaria de la Agenda 2030 que centralizan las cadenas de suministro. ¿Caídas de crecimiento global? A continuación, empiezan los llamamientos a economías "resilientes" mediante transiciones verdes, identidades digitales y redistribución de la riqueza: sueños húmedos del WEF.
La fanfarronería de Trump de "América Primero" arremete contra las élites de Davos, pero su bloqueo está preparando la misma bebida que ellos beben: interdependencia convertida en arma, crisis como catalizadores para reiniciar. ¿Los problemas energéticos de Europa? Cebando la bomba para redes supranacionales. ¿Consumidores estadounidenses presionados? Suavizando la resistencia a los controles universales. Es poesía irónica: el Trump antiglobalista, al fracturar el viejo orden, acelera el de la que la soberanía se reduce y las élites orquestan desde lejos. ¿Es una coincidencia? ¿O el caos siempre allana el camino para los "expertos"?
Fuente: Free Spech