Solo tendrán "una cobertura básica"
Alemania pone a los futuros pensionistas de Europa en alerta con su 'desmantelamiento' del Estado de Bienestar: solo tendrán "una cobertura básica"
Cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar. Esto es lo que deben estar pensando políticos, economistas y... pensionistas de media Europa. Alemania, el país con más poder en Europa y el que suele marcar el ritmo 'reformista', ha empezado a 'desmantelar' su Estado de Bienestar anunciando profundos recortes en pensiones o sanidad para financiar el gasto en defensa. Estos recortes se producen en un país cuya deuda pública apenas supera el 60% del PIB, lo que supone un serio aviso para todos aquellos países cuyo endeudamiento es mucho mayor y planean financiar el mayor gasto en defensa a través de una mayor emisión neta de deuda pública mientras que las principales partidas de gasto se mantienen o siguen expandiéndose. Los eventos recientes en los mercados han revelado que el endeudamiento público 'ilimitado' tiene consecuencias y Alemania quiere dar ejemplo.
Tiene algo de paradójico en términos históricos que sea Berlín quien inicie esta 'liquidación' -algunos la dieron por iniciada ya tras la Gran Crisis- del Estado del bienestar cuando fue precisamente un canciller germano, Otto von Bismarck, quien impulsó el modelo a finales del siglo XIX. El hombre que dirigió los designios de Prusia (germen de la actual Alemania) durante dos décadas implementó el primer sistema de pensiones contributivo y seguros sociales obligatorios para frenar las ideas socialistas y mejorar la vida de los trabajadores, marcando el origen de un modelo al que Reino Unido proporcionó bastante arquitectura después.
Ahora los tiempos son otros y el viento parece ir en dirección contraria. El gobierno de coalición alemán ha acordado hace escasas horas un amplio paquete de recortes en el bienestar social por valor de 38.300 millones de euros para 2030, reduciendo drásticamente el sistema sanitario y las garantías de pensiones para liberar fondos destinados al gasto militar. La Unión Demócrata Cristiana (CDU) y el Partido Socialdemócrata (SPD), que conforman la coalición gobernante bajo el mandato del canciller Friedrich Merz, alcanzaron el acuerdo antes de la reunión del gabinete prevista para el 28 de abril de 2026.
En medio de constantes divisiones y tensiones entre sus dos sectores, democristianos y socialdemócratas, el Ejecutivo de Gran Coalición parece determinado a que eche a andar el tan telegrafiado por Merz 'otoño de las reformas' que ya se ha ido a la primavera siguiente. El fin por el momento de las elecciones regionales en Alemania ofrece una ventana temporal que los analistas advertían de que podía servir para lanzar unas reformas que no van a concitar demasiada popularidad. La mecha ya se prendió hace unos meses cuando jóvenes y rebeldes diputados de la CDU amenazaron con tumbar una propuesta del SPD de mejora de las pensiones. Merz 'apagó el fuego', pero la pelea sirvió para que quedara patente que las cuentas a futuro no salían.
Precisamente uno de los mensajes más contundentes para Europa de este movimiento de Berlín llega en materia de pensiones. Merz ha declarado que la pensión estatal se reformará para convertirse en lo que él mismo ha descrito como una "cobertura básica" para la vejez, y que ya no será suficiente para mantener el nivel de vida a largo plazo. Por otra parte, las prestaciones por desempleo de larga duración también se reducirán. El efecto combinado representa el desmantelamiento más significativo del Estado de bienestar alemán desde las reformas de la Agenda 2010 de Gerhard Schröder a principios de la década de 2000, un programa que dividió al SPD tan profundamente que el partido nunca se ha recuperado del todo.
Cuando estos recortes en Alemania comenzaron a debatirse, Juan Ramón Rallo, doctor en Economía y divulgador, ya apuntó en un análisis hacia el resto de Europa y específicamente a España con la siguiente argumentación: "España debería tomar nota. Si el Estado de Bienestar alemán, con una deuda pública del 63% del PIB, se tambalea, el español, con un 103%, está mucho más cerca del precipicio", señalaba este experto.
No solo eso, Rallo desglosaba el gasto público para arrojar algo más de luz, señalando que "el gasto social (entre ambos países) no dista demasiado: Alemania destina el 19,7% del PIB a protección social frente al 18,5% de España; el 4,5% a educación frente al 4,2%; y el 7,5% a sanidad frente al 6,6%. No hay un abismo que permita suponer que lo insostenible allí será milagrosamente viable aquí", sentenciaba este experto.
Se ha hablado mucho de la insostenibilidad de las pensiones en buena parte de Europa. Incluso el Financial Times publicó recientemente una controvertida editorial en la que se ponía en duda la capacidad de los países europeos para mantener unos sistemas tan generosos. Por ello, el movimiento de Alemania puede suponer algo mucho más grande de lo que parece. Este puede ser el primer paso hacia un 'recorte en términos reales' de las pensiones a nivel europeo. Dentro de Europa, España puede tener uno de los mayores problemas en los próximos años.
Es cierto que Europa, en general, ha prometido 'mucho' a sus pensionistas en términos monetarios y de derechos. Dentro de estos países que han prometido más, España se lleva la palma con los mayores derechos pensionales comprometidos de toda Europa. El cálculo de esta deuda implícita de las pensiones o pension entitlements en las cuentas nacionales es una estimación del valor de todas las pensiones que los hogares han acumulado hasta una fecha determinada, ya sea mediante sistemas públicos (de reparto o pay-as-you-go, que es el sistema de España) o privados (fondos capitalizados). Las obligaciones de España superan el 600% del PIB, la cifra más abultada de Europa, según los datos de Eurostat.
Un informe de Capital Economics del pasado mes de enero, que ya adelantó elEconomista.es, mostraba cómo, pese al superior rendimiento económico desde la pandemia que sus vecinos del norte, las economías del sur estaban especialmente expuestas en materia de pensiones. El estudio reflejaba que el gasto público medio en pensiones en la zona euro apunta a aumentar en torno a un 1% del PIB en la próxima década, aunque con importantes diferencias entre países. Aunque un 1% del PIB parece poco, en países que ya se encuentran con las cuentas desequilibradas, un 1% puede ser la gota que colme el vaso para que los mercados empiecen a sospechar o descontar la insostenibilidad de unas deudas públicas que afrontan este enorme reto en unos niveles históricamente altos.
España en el foco
"Este aumento está impulsado por el envejecimiento de la población a medida que la vasta generación del baby boom alcanza la edad de jubilación, un proceso más acusado en Italia y España, menos intenso en Francia y alineado con la media de la zona euro en el caso de Alemania", señalaba Franziska Palmas, autora del informe. En medio de la polémica por la 'contrarreforma' de las pensiones en Francia o el debate en Alemania, el trabajo de Capital señalaba explícitamente a España.
En la firma británica explicaban que solo hasta 2035 (una década por delante), el gasto en pensiones en España podría aumentar algo más de un 1,5% del PIB, aunque admiten que la Comisión Europea cree que este dato va a ser incluso más grueso alcanzando un 1,8%. El problema es que en España el grueso del gasto y el gran problema va a llegar más tarde y de golpe, mientras que ahora se maquilla con el incremento de las contribuciones a la Seguridad Social a través de diferentes mecanismos. "En Alemania y España, el principal riesgo es la complacencia. Es poco probable que el aumento del gasto en pensiones en ambos países genere gran preocupación entre los inversores a corto plazo, dado que el ratio de deuda de Alemania es bastante bajo y el de España ha mostrado una tendencia a la baja gracias al sólido crecimiento económico", planteaba Palmas.
Desde una visión 'paneuropea', la gran cuestión es si hay que ir, en cierto modo, hacia atrás para 'coger carrerilla' y poder esprintar después. "A veces se argumenta que Europa antepone deliberadamente el bienestar al crecimiento. Sin embargo, el Estado del bienestar europeo, que en la mayoría de los países cuenta con un sistema de pensiones de reparto, necesita el crecimiento económico para seguir siendo sostenible. Por no hablar de las finanzas públicas, que ya se encuentran en una situación crítica en varios Estados miembros. Sin crecimiento económico, los ratios de deuda pública con respecto al PIB corren el riesgo de volverse insostenibles", argumentaban en un informe reciente Ruben Dewitte y Peter Vanden Houte, analistas de ING.
Nada más conocerse las medidas del Ejecutivo alemán, el ministro de Transportes español, Óscar Puente, no tardó en publicar en redes sociales: "Tomen nota. Aquí lo podemos impedir". Sin embargo, el caso germano, con 40 puntos porcentuales menos de deuda pública en términos de PIB que España demuestra que no es fácil enderezar las finanzas y hacer frente a varios desafíos al mismo tiempo.
El gran problema en Alemania es que esta serie de recortes está justificada en el rearme, algo no tan digerible para la ciudadanía. Aunque se ha vendido por activa y por pasiva que el gran estímulo de Berlín, muy enfocado a la defensa a la par que a las infraestructuras, generará empleo y espoleará la actividad, lo cierto es que el ingente gasto en defensa para hacer frente especialmente a la amenaza rusa acarrea más tensiones fiscales. Algo extensible al resto de unas economías europeas que, aunque con menos vigor que Alemania, también han contraído un compromiso con la OTAN para aumentar su gasto militar.
La OCDE avisaba recientemente de que "el aumento del gasto en defensa puede impulsar modestamente la actividad económica a corto plazo, pero genera una presión fiscal adicional, mientras que sus efectos sobre el crecimiento a largo plazo son inciertos. Es más probable que se obtengan beneficios económicos duraderos si los gobiernos llevan a cabo reformas estructurales más amplias junto con el rearme". El gasto no es ilimitado... nada es gratis.
Además, los políticos alemanes han tenido que escuchar serias críticas al comprobar que parte del estímulo destinado a inversiones se ha empleado en gasto corriente o en, como dicen algunos economistas, 'tapar agujeros' directamente. Eso hace que cobre más relevancia el paso dado ahora por el Ejecutivo. "Seguimos creyendo que el estímulo fiscal acabará impulsando una reactivación de la actividad. Sin embargo, dado que parte de ese estímulo se destinará a cubrir el creciente coste fiscal del envejecimiento de la población y que el enfoque del Gobierno parece estar pasando de los planes de inversión en infraestructuras a los debates sobre el futuro del Estado del bienestar, prevemos que el impulso generado por el estímulo fiscal será decepcionante", expresaba sus impresiones hace unos meses la propia Palmas desde Capital Economics.
Para otros analistas, la determinación del Ejecutivo estaba siendo insuficiente. "Merz asumió la cancillería con un mandato claro y un socio de coalición complaciente. Un año después, Alemania ha experimentado un giro radical en materia de política fiscal, pero solo se vislumbran tímidos indicios de reforma estructural. El avance prometido en las reformas relativas a los gastos sociales, la competitividad o el déficit fiscal estructural -más allá del fondo especial destinado a defensa e infraestructuras- aún no se ha producido", formulaba Carsten Brzeski, economista jefe de ING, justo antes de conocerse las medidas de Berlín.
Fuente:El Economista
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